Trucos con la miel

Trucos con la miel

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Sustancia viscosa, amarillenta y muy dulce, que producen las abejas transformando en su estómago el néctar de las flores, y devolviéndolo por la boca para llenar con él los panales y que sirva de alimento a las crías”. Esto es lo que nos dice la RAE si en su buscador introducimos la palabra ‘miel’. En definitiva, un verdadero prodigio de la Naturaleza, al que no siempre damos el cuidado que merece cuando llega, ya embotado, a nuestra despensa…

Y es que, aunque es cierto que se trata de un producto de alta durabilidad, lo cierto es que requiere algunos tips de conservación si queremos que su sabor y propiedades se mantengan. Consejos como estos que hoy nos llegan de la mano de los expertos de la Sociedad Cooperativa Apícola Anae:

 

  • Siempre que sea posible, se debe elegir miel de la mejor calidad, sin pasteurizar. ¿Qué significa eso? El agua es ‘enemiga’ de la miel ya que desempeña un papel importante en el desarrollo de microorganismos y levaduras que pueden degradar el producto. Para no tener que someterse a esa limitación de la tasa de humedad, hay muchas mieles que se pasteurizan, lo que hace que su sabor y beneficios no sean los mismos.
  • En relación a las temperaturas de conservación: Las mieles cristalizadas (sólidificadas a través de un proceso natural) no toleran demasiada temperatura -esto causaría un colapso de su estructura cristalina- de modo de deben conservarse en lugares donde no haya más de 20 grados, siempre con las tapas siempre bien cerradas.
  • En el caso de las mieles líquidas, la temperatura de almacenamiento deseable sería de unos 25 grados para ralentizar su cristalización. ¿El mejor sitio para conservarla? Un armario alejado de la luz y focos fuertes de calor.
  • Respecto a la durabilidad: la miel es un alimento muy estable debido a sus ‘antibióticos naturales’. Es por ello que, si se conserva en las condiciones adecuadas, puede durar hasta dos años. Sin embargo, al contrario de lo que sucede con algunos vinos, no mejora con el tiempo. El paso de las semanas hace que se vaya cristalizando (unas mieles lo hacen más rápido que otras, en función de su relación fructosa/glucosa), y que cambien su apariencia y sabor. Es por ello que, en el caso de las mieles líquidas, se recomienda consumir en un plazo de seis meses.
  • Respecto a su congelación, es preferible evitarla dado que este proceso hace que pierda sus virtudes, especialmente en lo relativo a su contenido en vitaminas y enzimas. Además, dado que se trata de un producto que se conserva por mucho tiempo, no tienen sentido congelarla.

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